domingo, 4 de marzo de 2012

PERIODO FORMATIVO EN OAXACA







BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

COLEGIO DE HISTORIA

Profesor: Arqueóloga Citlalli Reynoso Ramos

Nombre del curso: Mesoamérica

Alumno: Benjamín Pérez Armas

Fecha de entrega: 27 de Septiembre del 2006.

Control de lectura XII

PERIODO FORMATIVO EN OAXACA

Introducción

El Valle de Oaxaca queda ubicado en la parte central del actual estado de Oaxaca. Situado en las tierras altas del sur de México, se encuentra delimitado espacialmente por la Sierra Madre del Sur en el este y por el terreno montañoso de la Mixteca Alta en el lado norte. Posee un clima árido con una precipitación anual de unos 400 a 800 mm. El valle mismo se encuentra se encuentra a una altitud media de 1530 msnm. Abarca unos 740 km2 de terreno relativamente plano y de gran potencial agrícola, conformado mayormente por los depósitos aluviales del río Atoyac y de su tributario, el río Salado, cuyos patrones de drenaje forman en el valle una “Y”. Los tres ramales mayores de la “Y” son los subvalles de Etla al noroeste, de Tlaculola en oeste y el valle Grande o de Zaachila Zimatlán en el sur. Entre estos subvalles, el primero y el segundo son considerados como los de mejor y menor potencial agrícola respectivamente.

En 1965 aún no se conocían los antecedentes del asentamiento urbano de Monte Alban. La secuencia básica de asentamiento se conocía con la fase Monte Albán I. Además de la creencia de algunos autores de que la génesis de este lugar había sido por causa olmeca, esto por el estilo de algunos bajorrelieves sobre todo el llamado “Los danzantes”.

Para el año de 1966 se inicia un proyecto multidisciplinario sobre la ecología humana en Oaxaca dirigido por Kent V. Flannery. Con base en los trabajos de este proyecto ha sido posible no solamente encontrar la secuencia precerámica. Sino también remontar la presencia cerámica en el Valle de Oaxaca a 1400 a.C. Como parte del mismo proyecto y bajo la dirección de Richard E. Blanton, se inició en 1971 el Valley of Oaxaca settlement Project. Dicho poryecto tuvo como objetivo principal la investigación intensiva y sistematización del patrón de asentamiento en el valle de Oaxaca. Con base en estos trabajos contamos, por lo tanto, con información básica sobre la secuencia global de la evolución prehispánica en el Valle de Oaxaca. Esta secuencia (como menciona nuestra autora) da origen y lugar al desarrollo de estratificación social del tipo cacicazgo[1] y en segundo lugar, le gestación de una organización social estatal prístina[2], misma que a su vez se centró alrededor del primer sentamiento urbano de Mesoamérica. Cabe señalar que en otros lados de Oaxaca también se gestaron patrones de asentamientos iniciales, sin embargo fue en el Valle de Oaxaca donde hubo un mayor nivel de concentración humana.

Origen y desarrollo de patrones de estratificación social: Formativo temprano y medio.

Fase tierras Largas (1400-1150 a.C.)

Es la primera fase del formativo temprano que cuenta con un complejo cerámico ampliamente distribuido en el valle y para la cual se tienen evidencias de asentamientos agrícolas permanentes. A excepción de los aproximadamente 17 asentamientos de este tipo (la mayoría de estos asentamientos eran menores de 3 ha) sobresale el sitio de San José Mogote, el cual cubría un área de 7.8 ha y comprendía una población estimada en unas 147 personas[3].

En esta fase no se presentan diferencias en las unidades habitacionales, ni en el área de actividad artesanal y en los entierros (en algunas casas), estos no muestran indicios de estratos sociales. Ya hay indicios de actividades públicas (en San José Mogote hay un sitio con un área abierta, separada de el área habitacionales por medio de una línea doble de postes, que en algunas partes fue reforzada por hilera de lajas de piedra). Esta área se abandona y alrededor del año 1350 a.C. surge otro tipo de escultura pública: un edificio con un acuarto de piso de estuco y un pequeño basamento piramidal. En su interior se encontraron restos de bancas, una pequeña plataforma rectangular, adosada al muro sur pudo haber constituido un altar y su asociación con un pozo troncocónico en el que almacenaba cal. De acuerdo con los estudios de Flannery y sus asociados, plantean que para esta fase presenciamos el surgimiento de inicial de una sociedad de rango. También hay un aumento de asentamientos en los alrededores de San José Mogote.

Fase San José (1150-850 a.C.)

En esta fase persiste la tendencia de asentamientos en torno a San José Mogote en el Valle de Etla. Ahí se observa no solamente el nivel más alto de crecimiento demográfico sino también de desarrollo cultural. En este contexto no solamente hay la existencia de los primeros edificios públicos en otros sitios del Valle de Oaxaca (estos surgen apenas al final de la fase en cuestión). En San José Mogote además de los edificios de un cuarto y de la colina modificada (se encuentra en límite oriental del sitio en una colina, donde ahora se transforma en una serie de terrazas escalonadas, la del lado este cuenta con dos escalones de piedra y está asociada con los primeros ejemplos de monumentos esculpidos.), se construyen estructuras con plataforma: de adobe y piedra.

Para la construcción de casas se nota la diferencia de estratos sociales, pues en las casas más grandes se encuentran materiales que en casas chicas no hay, al igual que en los entierros hay estilos estilísticos que diferencian de otros.

La presencia de motivos estilísticos olmecoides[4] no hace sugerir que el desarrollo de la desigualdad social y el surgimiento de una organización jerárquica en esta fase, es la consecuencia de los contactos entre Oaxaca y el área metropolitana olmeca en la Costa del Golfo[5].

Es posible que la utilización de estos símbolos fueran parte de la estratificación social; posiblemente estos símbolos daban estatus a un determinado sector de la población.

La necesidad de remarcar sus rangos diferenciales y el inicio de un sistema de intercambio basado en objetos de lujo, indujo a las culturas locales a acelerar la creación de un sistema sociocultural más complejo para satisfacer tales necesidades externas. La existencia de tal estimulo externo explicaría, a su vez, el hecho de que, en el caso del Valle de Oaxaca, no se hayan podido diferenciar claramente estructuras del templo, hasta la existencia de una organización estatal en Monte Albán II..[6].

Fase Guadalupe Y Rosario (850-700/650; 700/650-500/450 a.C.)

Durante estas fases del formativo medio se establece claramente una jerarquía de asentamiento en tres niveles, dentro de la cual San José Mogote ocupa la categoría de centro de primer orden. Ejemplos de centros secundarios de un tamaño promedio de 3 ha serían Barrio de Rosario Huitzo y Santo Domingo Tomaltepec, los cuales presentan presencia de arquitectura pública, pero con una variedad menor de la que existe en el centro primario. Los sitios de tercer orden están representados por Fabrica San José o Abasolo, los cuales poseen un tamaño de 1 a 2 ha, pero no ostentan arquitectura pública, tratándose de asentamientos de tipo aldeano que comprenden por lo general de 25 a 75 personas distribuidas en 5 a 15 unidades habitacionales.

Tendíamos, por lo tanto, una jerarquía regional de sitios, dentro de la cual dos niveles con arquitectura pública representan los niveles administrativos de una organización regional característica de una entidad de cacicazgo. Sin embargo, para esta fase existe el problema de evaluar y delimitar la influencia que ejerció el centro de Huitzo, ya que, de acuerdo con los análisis de diseño cerámico, es posible que este sitio incluso haya constituido un centro autónomo y rival con respecto a San José Mogote.

A pesar de la posible existencia de entidades rivales de cacicazgos en el Valle de Oaxaca, San José Mogote indudablemente siguió siendo la comunidad más grande del valle antes de la fundación de Monte Alban. Para el final del Formativo medio se cuenta con las primeras evidencias de la aplicación de métodos agrícolas intensivos. Además de la irrigación a mano, se han detectado pozos que se remontan incluso a 1000 a.C. y para 600 a.C. se ha registrado un tipo de jarras usado posiblemente para el riego.

En San José Mogote, el núcleo cívico se traslada ahora definitivamente a la cima de una colina natural que se eleva a 15 m. encima del resto del asentamiento. Ahí se erigen por lo menos dos edificios de mampostería (estructuras 19 y 19A), de los cuales el primero se encuentra asociado a un altar enorme y el segundo presenta una semejanza con el edificio de los Danzantes de fecha posterior de Monte Alban. Es en esta zona que se encuentra el muro exterior del conjunto 19-19A y ostenta una serie de losas dispuestas verticalmente, incluyendo una piedra labrada (Monumento 3) que constituye el ejemplo más antiguo de lo que se conoce tradicionalmente como “danzante” y que se refiere a la representación de un individuo desnudo con los ojos cerrados, la boca semiabierta y una postura desgarbada[7]. Aquí es a partir de donde existe una mayor diferenciación social; se observa en la estructura 28 en el Montículo 1 de San José Mogote, misma que deja de funcionar como edificio público y se convierte en la Fase Rosario en un conjunto residencial.

El surgimiento del Estado: Formativo tardío y terminal

Fases Monte Albán I temprano y Monte Albán I tardío (500-300 a.C; 300-200 a.C.)

La fase Monte Albán I, se inicia con la fundación de monte Albán en el centro de los tres subvalles y la probable fusión de las culturas locales en una nueva y más compleja entidad política común. Este fenómeno implico una compleja reorganización de la jerarquía regional de los asentamientos. Ocupando la nueva categoría entre la nueva capital regional de Monte Albán y la de los pueblos, además el surgimiento de una serie de conteos secundarios. Sin embargo la población urbanizada para esta fase (y en todo el valle) se congrega en este sitio, lo que representarías el 77 por ciento de la población. Los centros secundarios no participan de este proceso de urbanización. En monte Albán I tardío se experimenta una consolidación una consolidación de la jerarquía regional.

Es poco conocida la arquitectura pública de Monte Albán I[8], sin embrago, se han encontrado edificios detectados en las exploraciones de Alfonso Caso[9]

Fase Monte Albán II (200 a.C-250 d.C.)

Constituye una amplia continuación de la fase anterior. De acuerdo con los trabajos más recientes de Flannery, para esta fase no solamente hay estructuras públicas diferenciadas en sus funciones, sino también una clara jerarquía en el patrón de asentamiento de cuatro niveles, dentro de los cuales, tres presentan arquitectura pública. Se detectan estructuras públicas de dedicadas a funciones religiosas y localizadas por lo general en la cima de los cerro, en los centros secundarios, además de los templos, también se presentan juegos de pelota y estructuras de palacio. Para esta fase Monte Albán cuenta con una población mayor de los 14,000 individuos. Su tamaño sobrepasa un km2, ya al principio de la fase y el sitio presenta una nucleación marcada. Un edificio (Edificio J) que posiblemente funcionaba como observatorio, ostenta más de 40 lápidas con inscripciones.[10] También se detectaron dentro de la Plataforma Norte de Monte Albán varias plataformas superpuestas que datan de la fase y según interpretaciones de Flannery y su equipo se trata de un “palacio verdadero”. Se presenta por lo tanto, una clara diferenciación entre las unidades habitacionales de la elite y las de la población común. Dada la complejidad y extensión del sitio de Monte Alban, permite plantear la existencia de una conformación urbana de 14 barrios residenciales distintivos.


[1] Cita encontrada en la lectura de nuestra autora Walbunga Wiesheu (2000. Wiesheu Walbunga. La zona Oaxaqueña en el preclásico. En: Historia Antigua de México. Linda Manzanilla y Fernando López Lujan (coord.), INAH, UNAM, Grupo Editorial Porrúa. México. pp.: 407-436.)en la página 410 y dice: entendemos por una entidad de cacicazgo, una organización sociopolítica con rangos sociales diferentes y una región central y jerárquica de sus asuntos políticos, pero donde una acción pública aun poco diferenciada en sus aspectos políticos y administrativos, está ampliamente sujeta a la acción religiosa, misma que integra varias comunidades dentro de un marco regional de coordinación (Wiesheu, Cacicazgo y estado arcaico: Evolución y distribución arqueológica de organizaciones políticas complejas)

[2] Cita encontrada en la lectura de nuestra autora Walbunga Wiesheu (Wiesheu Walbunga et al., 2000. p. 410.) y dice: Un tipo de estado primario o prístino es aquel que surge a partir de condiciones originales y sien intervención de otra entidad estatal. En este sentido, no solamente presenta elementos autóctonos de formación con variables causales propias, sino también características de organización originales que lo diferencian de las formaciones secundarias típicas de estados más avanzados.

[3] Para saber los detalle de esta aproximación, consultar lanota a pié de página numero 16 en la página 412 de nuestra autora.

[4] Como la “serpiente de fuego” o el “jaguar licántropo”.

[5] Nuestra autora en su lectura dice que: “La supuesta influencia olmeca se reduce a atributos cerámicos, tratándose más bien de un fenómeno pan-mesoamericano de una producción cerámica local… Una interacción a través de un sistema de intercambios de lujo…” (Wiesheu Walbunga et al., 2000. p. 416.).

[6] Wiesheu Walbunga et al., 2000. p. 417.

[7] Según la interpretación de Marcus, se trata de la representación del cuerpo de un cautivo o sacrificado, pudiendo ello indicar la existencia de actividades militares en el valle. Además, grabados en sus pies se encuentran dos glifos que significan “I temblor”, tratándose de le evidencia más temprana, dentro del contexto mesoamericano, del desarrollo de la escritura ya la existencia del calendario de 260 días. (Wiesheu Walbunga et al., 2000. p. 418.).

[8] Principalmente a la gran cantidad de arquitectura monumental de las épocas posteriores, por lo que muchas veces resulta difícil asignar una función… (Wiesheu Walbunga et al., 2000. p. 423.).

[9] Para conocer los edificios detectados en las exploraciones de Alfonso Caso leer la página 423 del libro de nuestra autora.

[10] Interpretadas por Caso y Marcus, como registros de lugares conquistados incluso fuera del valle.

sábado, 3 de marzo de 2012

PERIODO FORMATIVO. LA INFLUENCIA OLMECA EN MESOAMÉRICA. CHALCATZINGO Y TEOPANTECUANITLAN







BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

COLEGIO DE HISTORIA

Profesor: Arqueóloga Citlalli Reynoso Ramos

Nombre del curso: Mesoamérica

Alumno: Benjamín Pérez Armas

Fecha de entrega: 25 de Septiembre del 2006.

Control de lectura XI

PERIODO FORMATIVO. LA INFLUENCIA OLMECA EN MESOAMÉRICA. CHALCATZINGO Y TEOPANTECUANITLAN

En la lectura de David C. Grove[1], se tratan y analizan los rasgos más importantes y característicos del sitio arqueológico de Chalcatzingo. Localizado en el centro del valle de Amatzinac, a los pies de los cerros de Chalcatzingo y Delgado. El actual pueblo de Chalcatzingo surgió durante la época colonial; está situado a 1.5 Km. al norte de los cerros y sus tierras de cultivo abarcan parte del sitio arqueológico. Los vestigios arqueológicos indican que hacia el 1000 a.C. el área de Morelos ya estaba densamente ocupada por pequeños pueblos agrícolas del periodo formativo. La gran similitud entre los artefactos del periodo formativo hallados en los sitios de Morelos y los del valle de México nos demuestra que las dos regiones estuvieron estrechamente relacionadas culturalmente durante todo este periodo. Sin embargo Chalcatzingo es el único lugar conocido, anterior al 500 a.C. situado en el valle de Morelos de la Región México-Puebla, que cuenta con una importante arquitectura pública y monumentos de piedra tallada parecidos a los olmecas.

Las primeras exploraciones en Chalcatzingo se hicieron en 1934 y estuvieron a cargo de la arqueóloga Eulalia Guzmán, a quien le llamo la atención el sitio por rumores acerca del hallazgo de una enorme escultura de piedra encontrada dos años antes por unos niños (la historia se puede encontrar completa en la página 166 de la lectura). Pero las excavaciones arqueológicas no se llevaron a cabo hasta 1953, investigación dirigida por Piña Chan quien ayudó a situar cronológicamente el sitio en el periodo Formativo.

El segundo proyecto de investigación (1972-1976) fue dirigida por los arqueólogos jorge Angulo, Raúl Arana y nuestro autor; de esta investigación se sabe ahora que la ladera del cerro de Chalcatzingo fue habitada y cultivada en 1500 a.C. A lo largo de la ocupación del sitio se pueden establecer tres fases de ocupación: Fase Amate (1500-1100 a.C.), seguida de la Fase Barranca (1100-700 a.C.) concluyendo en la Fase Cantera (700-500 a.C.); fue durante este último periodo que el sitio alcanzó su máximo tamaño y su mayor importancia.

Dentro de las líneas de esta lectura se nos describe con detalle los bajorrelieves de este sitio arqueológico, las características de estos (destacando la escena sobrenatural en la escultura denominada monumento 12, donde aparece representada una persona con los brazos extendidos. Por ello se le nombró “El volador”.) y su ubicación. Además se describe la arquitectura temprana; sobre todo se hace hincapié en los rasgos arquitectónicos del sitio y la influencia olmeca que se deja ver (se menciona también la representación de una mujer –monumento 21— y las similitudes iconográficas entre este monumento y el lejano sitio de Teopantecuanitlan). Es difícil encontrar una respuesta favorable acerca de la interrogante del porque durante un periodo de aproximadamente 200 años, los jefes de Chalcatzingo adoptaron el estilo de arte monumental olmeca para realzar su prestigio.

Guadalupe Martínez Donjuán y su lectura Los olmecas en el estado de Guerrero[2], Es básicamente un análisis que trata los temas relacionados con la presencia de la “cultura olmeca” en el estado de Guerrero. Este estado arqueológicamente carece de una identidad cultural que lo tipifique. Ha sido descrito como “un territorio de paso de influencias”, Es innegable, sin embargo, que en Guerrero hubo desarrollos locales y regionales; la tradición lapidaria es un ejemplo. La técnica del tallado se gestó desde tiempos muy tempranos; se impulsó con los olmecas y se gesto en el estilo mezcala. Desgraciadamente el saqueo, devastador e incontrolable, ha destruido gran parte de los elementos coyunturales para definir las características de estos y otros desarrollos regionales, entre ellos el olmeca. Nuestro autor menciona que por causa del saqueo desmedido, Guerrero ha sido uno de los principales abastecedores de piezas olmecas desde hace muchos años. Por los años cuarenta Miguel Covarrubias, al estar en contacto con la gran cantidad de objetos que circuló en esos años, llegó a proponer a Guerrero como cuna de la cultura olmeca, tras analizar las piezas de saqueo. Tiempo

después y basado en un estudio de hachas votivas, Wicke, propuso lo mismo para Oaxaca. La controversia no se hizo esperar (imaginaos el porque). Las piezas de saque no representaban un argumento válido para el grupo que defendía (con estudios y hallazgos in situ) la génesis del Golfo.

Fue en el año de 1983, cuando un sorpresivo hallazgo olmeca, el del sitio monumental de Teopantecuanitlán, empezó a hacer reflexionar a varios investigadores sobre lo plantado acerca del origen y desarrollo de la cultura olmeca. Aunque como menciona nuestro autor, no se pretende en su lectura establecer el origen de la cultura olmeca, simplemente darle el lugar que tiene en Guerrero el desarrollo de la cultura olmeca. Pues en el estado de Guerrero la interpretación de los restos arqueológicos vinculados con la cultura olmeca se vincula con la influencia de la difusión religiosa, de conquista militar, colonización, relaciones de intercambio comercial y alianzas matrimoniales que llegaron desde “la zona nuclear olmeca”. Parte de las manifestaciones de la cultura olmeca en Guerrero están representados por las pinturas de Juxtlahuaca y Oxtotitlán[3], así como por diversos objetos de barro, de jade y otro tipo de piedras encontradas en Olinalá, además de muchos otros objetos.

En esta lectura también se mencionan varias zonas con detalles propios de la cultura olmeca: Tepila, Texayac Coovisur y Temixco II. Por supuesto se menciona el sitio arqueológico de Teopantecuanitlán[4], localizado en el municipio de Copalillo, al sur de un pequeño valle intermontano flanqueado por elevaciones montañosas. Nuestra autora menciona que de las 161 hectáreas en que fue delimitado oficialmente esta zona arqueológica, sólo se conoce el 10%. Naturalmente en las líneas siguientes de la obra de Martínez Donjuán se describe la zona arqueológica, se sitúa cronológicamente, se hace mención de la arquitectura de este lugar; se describen las características del recinto, El canal, La Plataforma Norte, las estructuras 2 y 3, Las tumbas de bóvedas Falsa, Los Hornos y el juego de pelota.

Teopantecuanitlán refleja, a través de sus obras, el conocimiento y el dominio, cuya extensión alcanza a sitios como Coovisur y Temixco II. Su hallazgo ha venido a remover viejas tesis y si esto hubiese sucedido en los años cuarenta, hubiese puesto en disyuntiva a varios de los antiguos defensores de la génesis olmeca.


[1] S/A. Grove C David. Los Olmecas en chalcatzingo. En: Olmecas en Mesoamérica. Ed. El equilibrista. México. pp.:165-173.

[2] S/A Donjuán Martínez Guadalupe. Los olmecas en el estado de Guerrero. En: Olmecas en Mesoamérica. Ed. El equilibrista. México. pp.: 143-163.

[3] Juxtlahuaca en el nombre de unas extensas grutas localizadas cerca del poblado Colotitla, en el municipio de Quechultenango a 42 km. de Chilpancingo. En ellas se encontraron los restos óseos de enterramientos humanos y tres pinturas olmecas. Estas pinturas fueron dadas a conocer en 1967 por Carlo Gay.

En Oxtotitlán se hallaron pinturas en dos grutas juntas y de poca profundidad, cerca del poblado de Acatlán en el municipio de Chilapa, al norte de Juxtlahuaca. Fueron dadas a conocer por David Grove en 1968. Además de otras pinturas como las de Cacahuaziziqui, ubicadas en el municipio de Copanatoyac, en la región de la montaña y fueron dadas a conocer por Villela en 1989.

Para mayores detalles de las pinturas, las lecturas completas se encuentra en las páginas 149 y 150 de la obra de nuestra autora: Guadalupe Martínez Donjuán.

[4] Teopantecuanitlán significa “el lugar del templo de los dioses jaguares”.

PERIODO FORMATIVO. LOS OLMECAS. LA REGIÓN DE LOS TUXTLAS Y LOS YACIMIENTOS DE BASALTO





BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

COLEGIO DE HISTORIA

Profesor: Arqueóloga Citlalli Reynoso Ramos

Nombre del curso: Mesoamérica

Alumno: Benjamín Pérez Armas

Fecha de entrega: 20 de Septiembre del 2006 (Entregado el 25 de Septiembre del 2006)

Control de lectura X

PERIODO FORMATIVO. LOS OLMECAS. LA REGIÓN DE LOS TUXTLAS Y LOS YACIMIENTOS DE BASALTO.

La lectura de Beatriz de la Fuente denominada Arte monumental olmeca[1], es un análisis de las obras de arte que permanecen de la cultura olmeca, dicho análisis está hecho desde un enfoque “artístico-cultural”. A mi parecer esta forma de analizar las esculturas olmecas aporta nueva información acerca de los rasgos culturales de los olmecas. De ahí que Beatriz de la Fuente afirme: “Lo olmeca es un modo de vida, de creencias religiosas, de conducta social mítica que se expresa mediante un código particular de comunicación simbólica y formal. Dicho de otro modo, lo olmeca se reconoce de modo principal, a través de un código artístico que le es particular… Formas y expresiones de una comunidad ideológica que se expresa –en su apariencia—por medio de recursos regionales…”[2]

En la lectura de nuestra atora comienza explicando y definiendo “arte” tomando como base la explicación de Clive Bell diciendo que hay una distinción entre obra de arte y cualquier otra obra, pues bien la diferencia se centra en que la “obra de arte” conlleva un potencial de comunicación expresiva armónicamente adaptada a sus circunstancias culturales, que además tiene una respuesta siempre subjetiva, es en ello (dice de la Fuente) se distancia de otros objetos fabricados por el hombre.

Su lectura se divide en distintos aspectos del arte olmeca. En la primera división de la lectura denominada conjunto artístico anuncia la presencia de una cultura desconocida dice que todo inicia cuando en 1862 Melgar descubre la cabeza monumental de Hueyapan[3] ya las observaciones que hace con su descubrimiento. No fue sino hasta que en 1900 Marshall H. Saville (apoyado de los descubrimientos de George Kunts) dijera que los restos de la cultura material hasta ahora descubierta pertenecían a un estilo artístico desconocido y diferente. Después se señalan las características de esta nueva cultura (características de las esculturas). En esta parte nuestra autora señala que los estudios de los últimos años se orientan de modo principal en asuntos de iconografía (en procurar reconocer la identidad de lo representado). Otras investigaciones se han abocado a buscar el significado de los símbolos que se observan incorporados a estos.

Líneas abajo en otra de las divisiones de la lectura nos describe lo que es el estilo, las formas y las cualidades de la escultura monumental olmeca y la manera en estos enfoques artísticos describen los elementos intrínsecos de estas piezas.

También se hace énfasis en la iconología que de acuerdo con Panofsky es el significado intrínseco de los valores simbólicos; entendido esto se puede destacar que, y en base en la evidencia hasta ahora obtenida, el arte monumental olmeca es primordialmente homocéntrica. Una vez concluida esta parte, de la Fuente, hace un análisis de las imágenes míticas, teniendo en cuenta rasgos culturales universales (origen y destino de una raza). Para los olmecas, el origen de su raza se debía a la unión sexual de un jaguar y una mujer (posiblemente es esta unión sobrenatural la justificación del origen divino de los gobernantes).

Beatriz de la Torre hace una evaluación de las formas y características de las figuras humanas, incluyendo las cabezas colosales y describe los detalles de varias de ellas y crea una clasificación de las mismas. Dice que son retratos de sabios y gobernantes y que en ellas se congregan el símbolo del poder terrenal y del poder divino. Para terminar cito una parte del texto de nuestra autora: “El arte monumental olmeca expresa la voluntad definida por encontrar un orden que dé coherencia a sus creencias, rituales, conductas políticas y estructura social. Ello se muestra en la creación de sus formas claras y definidas, en la perfecta distribución armónica de las mismas: tales formas expresan, siempre de manera conceptual, nunca descriptiva, su concepto del hombre como centro de la naturaleza y del cosmos…” (de la Fuente Beatriz et al., S/A, p.220.).

En un estudio de enfoque distinto, Sara Ladrón de Guevara, hace mención a un detalle de las cabezas colosales olmecas que descubrió –como dice ella— de los diarios deambulares por las salas del Museo de Antropología de Xalapa. En esta lectura[4] nuestra autora describe su hipótesis: Estas piezas miraban hacia el cielo. Esta hipótesis se basa en el hecho de varias de estas cabezas presenta una inclinación en la base. La base de las cabezas no se trabajaron se manera que su linea acabada fuese horizontal, además dice que existe un patrón en la línea de la base pues es más baja en la parte de la barbilla y sube a medida que se aproxima a la parte posterior de la cabeza. Este patrón se repite en seis de las siete cabezas que se encuentran en el Museo de Antropología de Xalapa, además afirma la existencia de esta característica en una del par de cabezas que se encuentran en el Museo Nacional de Antropología. Ante este patrón encontrado en las cabezas colosales olmecas parece claro que este era un efecto que se buscaba y no un elemento de azaroso.

Nuestra autora muestra en la lectura muestra las inclinaciones de diez cabezas[5] –lista que según mi criterio no es necesario poner en este trabajo, pues no se trata de un resumen de lectura--. También se plantea la idea de que originalmente estas cabezas debieran estar descansando sobre el suelo horizontal, y que el ángulo de inclinación de su base hacia que estas mirasen hacia el cielo, hacia arriba, a niveles superiores, por encima del plano en que habitamos los hombres. Ladrón de Guevara hace hincapié en que este detalle tenía que ver con la cosmogonía y no sólo se trataba de una opción artística, dado el profundo contenido religioso presente en el arte olmeca.


[1] S/A. de la Fuente Beatriz. Arte monumental olmeca. En: Olmecas en Mesoamérica. Ed. El equilibrista. México. pp.: 203-221.

[2] de la Fuente Beatriz et al., S/A, p.205.

[3] Hoy conocida como monumento A de Tres Zapotes.

[4] 1997. Ladrón de Guevara Sara. ¿Qué ven las cabezas Olmecas? En: Memoria de l Coloquio del centro y sur de Veracruz. Sara Ladrón de Guevara y Sergio Vasquéz Zarate (coord). Editorial U.V. Xalapa, Veracruz. México. pp.: 163-168.

[5] La lista de las inclinaciones de las cabezas colosales Olmecas se encuentran en las páginas 165 y 166 de la lectura.