La obra de Saint Exúpery supera por
mucho el análisis superfluo o mejor dicho, literal de la historia; por un lado
encontramos una hermosa trama para niños que encamina a una reflexión de
valores y sentimientos que mantendrían a cualquier persona al filo de la trama.
Sin embargo si nos atrevemos a ir mucho más allá de la historia del aviador
varado en el desierto nos hemos de encontrara ante “una mar” de opciones
interpretativas y argumentos para aplicar a las líneas de “El principito”.
A mi consideración, esta obra deja
un mensaje muy hermoso para los adultos; la mayoría de nosotros nos hallamos
inmersos en los grandes planes del
capital internacional, en la red del sistema neoliberal. Es difícil por muchas
razones, poder salir de este destino prefabricado para nosotros; sin embargo el
observar las cosas desde otros puntos de vista siempre es provechoso y es aquí
en donde “El principito” demuestra su valiosa lección, debemos ver las cosas
con los ojos del corazón, interpretar al mundo con la inocencia de una niña o de un niño.
Existen la obra muchos elementos
muy interesantes que por falta de espacio no podría especificar cada uno de
ellos, como los habitantes de los planetas que el principito visita, la rosa,
los árboles baobabs, el borreguito, el aviador, el principito mismo. Todos y
cada uno de los personajes y elementos
son representaciones, muchos son valores y virtudes de la vida, otros, males que la sociedad misma genera entorno a
los demás miembros que la integran; es paradójico que los seres humanos nos hallamos olvidado de vivir intensa y plenamente el
precioso tiempo en que estamos de paso por este mundo, nos enfrascamos en el
trabajo, nos agobiamos por el dinero, elogiamos a aquellas personas que han
logrado extirpar sus sentimientos y a su familia de sus vida para lograr un
status social y económico ”elevado”.
El principito a mi parecer
representa “una mesa”[1] en
donde subirnos y observar el mundo, las cosas y a la vida de una manera diferentes;
con mas amor, con mas admiración, como
lo mirarían los ojos de una niña o un niño.
[1] Recordemos la película de EL
CLUB DE LO POETAS MUERTOS y las enseñanzas del maestro John Keating.
Con la obra de José Emilio Pacheco
nos encontramos ante uno de los capítulos del México en donde converge como
inevitablemente se comprueba día a día el cambio histórico, solamente que la
maravillosa excusa que hallamos con Carlos y Mariana se vuelve una guía para sumergirnos en los vertiginosos
años cuarentas y cincuentas en donde la política unipartidista, la corrupción
del estado mexicano, la cambiante cultura social, el pre-proto-discurso feminista y el amor de un niño se unen en los que
genialmente se denomina “Las batallas en
el desierto”.
El argumento que utiliza Pacheco
para ambientar el relato de Mariana, Carlos y demás personajes son descriptivos
y de una intensidad impresionante; se encarna la cultura y el trasfondo de los
eventos político-sociales del mundo en donde los niños mexicanos de aquellos
años se agrupan en árabes o judíos, incluso la xenofobia que puede llegar a producir una segunda guerra
mundial y un niño japonés. Una de las genialidades más peculiares de esta obra
es precisamente la trama que nuestro autor utiliza para describir una serie de
eventos que marcan a los habitantes de aquella ciudad de México de finales de los cuarenta y
principios de los cincuenta.
José Emilio Pacheco es un poeta,
narrador, ensayista y traductor mexicano que desarrolla con gran impacto la
literatura. Nace en la ciudad de México, egresando de la UNAM en Derecho y
Letras, para lo cual años más tarde colaboraría con personajes como Carlos
Monsiváis en la dirección y redacción de varias revistas y suplementos
culturales. Su formación y la constante interacción con los que Monsiváis
denomina “Los rituales del cáos”[1],
le llevarían a publicar su novela en 1981.
La narrativa de la obra, nos da
muestra del muy valioso y poco apreciado
recurso literario para que mediante la palabra escrita seamos partícipes
delos que a mi parecer es el eje principal de la novela: LA MEMORIA HISTÓRICA; esa colectividad y la trama social son
parte fundamental del entramado social en la que los personajes se ven
envueltos en una serie de circunstancias que hace que todos ellos sean “hijos
de su tiempo”, el mensaje que podría recuperar es de una profundidad
insospechable, Todos somos parte de los cambios sociales, todos somos parte de
una Historia colectiva que minuto a minuto evoluciona imparablemente.
La reflexión que me queda en la cabeza con Las batallas en el desierto es la de
vivir intensamente la vida, amar, sufrir
y gozar con los obstáculos que puedan presentarse en el camino y sobre
todo vernos en los ojos de los personajes para sentir intensamente la fuerza
vital de otro ser humano para enriquecer nuestra existencia mediante el
insustituible gozo que ofrece la lectura y los ventanas a mundos maravillosos
fuera de tiempo y espacio.
"POR ALTO ESTA EL CIELO EN EL
MUNDO, POR HONDO QUE SEA EL MAR PROFUNDO, NO HABRÁ UNA BARRERA EN EL MUNDO QUE MI
AMOR PROFUNDO NO PUEDA ROMPER
AMOR ES EL PAN DE LA VIDA
AMOR ES LA COPA DIVINA
AMOR ES UN ALGO SIN NOMBRE
QUE OBSESIONA A UN HOMBRE
POR UNA MUJER...”
[1] libro “Los
rituales del caos”, de Carlos Monsiváis en donde nos presenta diversas
perspectivas del ser humano mexicano, de la manera en que se desenvuelven los
individuos al convertirse en masa, y detalla los motivos o liderazgos que
confabulan, aglomeran o integran las mismas en su existencia. (tomado de:
http://www.librosylibretas.com/los-rituales-del-caos/).
Sociedad (del latín
societas) es un concepto polisémico, que designa a un tipo particular de
agrupación de individuos que se produce tanto entre los humanos (sociedad
humana -o sociedades humanas, en plural-) como entre algunos animales
(sociedades animales). En ambos casos, la relación que se establece entre los
individuos supera la mera transmisión genética e implica cierto grado de
comunicación y cooperación, que en un nivel superior (cuando se produce la
persistencia y transmisión generacional de conocimientos y comportamientos por
el aprendizaje) puede calificarse de cultura.
El estudio del
comportamiento social en animales (p.ej. en primates o en insectos eusociales,
como algunas hormigas) lo realiza la etología. De las bases biológicas del comportamiento
social, tanto en animales como en el ser humano, se ocupa la sociobiología. Las
sociedades humanas son estudiadas por las llamadas disciplinas sociales,
principalmente la sociología y otras como la antropología, la economía, la
administración de empresas, etc. Modernamente, existe un interés de la física,
desde la perspectiva de sistemas complejos, por el estudio de fenómenos
sociales, y este esfuerzo ha dado lugar a disciplinas como la sociofísica y la
econofísica.
ESTRATIFICACIÓN SOCIAL
La estratificación social es
la conformación de grupos horizontales, diferenciados verticalmente de acuerdo
a criterios establecidos y reconocidos. La estratificación social da cuenta o
es un medio para representar la desigualdad social de una sociedad en la distribución
de los bienes y atributos socialmente valorados. El concepto de estratificación
social implica que existe una jerarquía social así como una desigualdad social
estructurada. Dicha desigualdad esta institucionalizada, y tiene una
consistencia y coherencia a través del tiempo. Formas de estratificación
social, generalmente citadas, son las castas, estamentos y clases sociales.
Un estrato social está
constituido por un conjunto de personas, agregados sociales, que comparten un
sitio o lugar similar dentro de la jerarquización o escala social, donde
comparten similares creencias, valores, actitudes, estilos y actos de vida. Se
caracterizan por su relativa cantidad de poder, prestigio o privilegios que
poseen. Si bien el punto central de la estratificación se refiere a la
distribución de bienes y atributos la estratificación social, aunque también se
puede considerar sobre la base de la etnicidad, género y edad.
TIPOS
DE ESTRATIFICACIÓN SOCIAL
Rasgos y estatus sociales;
rasgos parentales, con diferencia de estatus sociales en sociedades simples y a
la vez complejas de poder explicar ya que se llevan a cabo en un contexto por
el cual nos lleva a expresarnos en situaciones monetarias las cuales se vuelven
en las razones de los millones de problemas que existen entre los diferentes
estatus socioeconomico. Estatus socioeconómicos, ocupacionales, profesionales,
etc en sociedades complejas.
Castas y seudocastas: castas
en India como estrato endógamo, fijo por nacimiento, asociado con ocupación,
religión, etnia y rasgos sociales. Sin movilidad social y restricciones
estrictas. Seudocasta es similar pero no estrictamente limitada.
Estamentos o estados
sociales: unidad socioeconómica amplia y difusa que no contribuye una clase
social, pero puede identificarse con una o constituir una agrupación de varias
clases pero sin clara conciencia social.
Clases sociales: clases
sociales se define de acuerdo a sus relaciones de propiedad sobre recursos y a
sus fuentes de ingresos. En cada sistema socioeconómico hay, por lo menos, dos
clases antagónicas que suelen desarrollar conciencia social.
Etnia, pueblo y naciones: la
comunidad étnica se diversifica en cuatro tipos básicos; etnias tribales,
pueblos, naciones y nacionalidades y grupos étnicos.
DEMOCRACIA
Democracia es una forma de
organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la
sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del
Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo
mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren
legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de
convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones
sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
PRINCIPIOS
DEMOCRÁTICOS
1. PRINCIPIO DE LA SECULARIDAD.
Todo orden social es
construido. El orden social no es natural, por eso son posibles las
transformaciones en la sociedad.
La democracia es un invento
del ser humano. El ser humano se inventó la sociedad, por consiguiente ningún
orden social es de origen divino o externo a la voluntad de las personas que lo
asumen.
Todo orden social es
construido; por lo tanto, todo orden social puede ser transformado por la misma
voluntad de quienes lo constituyeron.
La democracia es una opción
de sociedad que expresa una forma de ver, interpretar y ordenar el mundo en
función del respeto por los Derechos Humanos.
Una sociedad Democrática:
• Acepta que su orden social
es construido entre todos.
• Percibe a sus ciudadanos
como fuente y como creadores de ese orden.
• Tiene conciencia de que
los ciudadanos pueden modificar el orden social.
• Convierte los problemas en
oportunidades a través del debate y la deliberación pública entre los
ciudadanos.
2. PRINCIPIO DE
AUTOFUNDACION.
La democracia es un orden
que se caracteriza porque las Leyes y las normas son construidas o
transformadas por las mismas personas que las van a vivir, cumplir y proteger.
La democracia es una
decisión de la sociedad. La principal característica de la democracia es que,
en ella, las Leyes y las normas son construidas o transformadas precisamente
por las mismas personas que las van a vivir, cumplir y proteger.
Esto significa que la
democracia es el espacio por excelencia de la libertad, puesto que éste sólo es
posible cuando resulta del mutuo acuerdo de cumplir y respetar aquello que fue
producto de una decisión libre, es decir, de un acuerdo fundado colectivamente.
Una sociedad empieza a ser
libre y autónoma cuando ella misma es responsable de haberse dado el orden
social y político que quiere vivir, cumplir y proteger para la dignidad de
todos.
La democracia es un orden
autofundado: son las mismas personas que conforman la sociedad quienes deciden
el orden que aceptan para vivir y lo transforma cuando lo considera
conveniente. Por eso la democracia requiere de la participación de todos los
miembros de la sociedad.
Este principio es la base de
la gobernabilidad, la ética, la creatividad, la autonomía, la libertad, la
participación y la representatividad. La convivencia democrática empieza cuando
la sociedad aprende a autofundar su orden social.
3. PRINCIPIO DE
INCERTIDUMBRE.
No existe un modelo ideal de
democracia que podamos copiar o imitar: a cada sociedad le toca crear su propio
orden democrático.
La democracia es una
construcción cotidiana. Como forma de ver, interpretar y ordenar el mundo, la
democracia es una cosmovisión. Las cosmovisiones tienen la particularidad de
que conservándolo todo, lo ordenan todo de otra manera.
Nadie, externo a ella, puede
darle a ninguna sociedad su cosmovisión democrática, pues ésta es una decisión
que toma la sociedad. Esta es una decisión que lo afecta todo, lo pregunta
todo: ¿Cómo son las instituciones democráticas? ¿Cómo son las empresas
democráticas? ¿Cómo son las organizaciones democráticas, los partidos
democráticos, las familias democráticas...? La construcción de la democracia
necesariamente afecta a toda la sociedad.
Es posible aprender de la
experiencia de otras sociedades, pero a cada sociedad le corresponde construir
su propio orden democrático a partir de su historia, de su conocimiento, de su
tradición y de su memoria; a partir de lo que es, de lo que tiene y de la
manera como es capaz de proyectarse. Puesto que nadie sabe como es el orden
social perfecto ni la familia perfecta, ni la institucionalidad perfecta, es
necesario trabajar todos los días en su construcción: en esto consiste el
principio de la incertidumbre.
4. PRINCIPIO ETICO.
Aunque no existe un modelo
ideal de democracia, todo orden democrático está orientado a hacer posible los
Derechos Humanos y a cuidar y proteger la vida.
La democracia es el proyecto
de la dignidad humana. El `Proyecto de Humanidad contenido en la promulgación
de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” el 10 de diciembre de
1948, constituye el norte ético del Proyecto Democrático. Un orden social se
auto funda democrático si contribuye a hacer posibles, para todos, los derechos
humanos y la vida, es decir, si se compromete con la Dignidad Humana.
Esto significa que el
respeto por los Derechos Humanos no debe entenderse como norma sino como una
manera de vivir y una forma de ser; como criterios que conducen a elegir
siempre lo que le conviene a la vida digna de todos.
El principio ético propone
una pregunta básica ¿Cómo pueden los Derechos Humanos convertirse en principio
ordenador de las relaciones sociales, de la política, de la economía de la
cultura, en pocas palabras, en principio ordenador de la vida social?
El reto es radical: solo es
posible construir la democracia en una sociedad que se construya a sí misma
sobre la lógica de los Derechos Humanos.
5. PRINCIPIO DE LA
COMPLEJIDAD.
El conflicto, la diversidad
y la diferencia son constitutivos de la convivencia democrática.
La democracia es incluyente
de todos los intereses. Para la democracia, la paz no es la ausencia de
conflictos; la paz es el resultado de una sociedad que es capaz de aceptar
reglas para dirimir el conflicto sin eliminar al otro (ni física, si sociológica,
ni psicológicamente), porque en la democracia no existen los enemigos, existen
los opositores; personas que piensan distinto, que quieren distinto, tienen
intereses distintos que pueden colisionar con los míos, pero con las cuales
puedo concertar futuros comunes.
Uno de los instrumentos más
poderosos que tiene la democracia para hacer del conflicto una oportunidad
positiva es la deliberación.
La deliberación se convierte
en un valor social, cuando, frente a un conflicto:
• Las diferentes personas
son capaces de poner en juego sus intereses.
• Pueden expresarlos,
sustentarlos y defenderlos con serenidad y transparencia.
• Buscan convencer a otros
de la pertinencia de sus intereses, pero están dispuestos a dejarse convencer
por la prioridad de otros intereses.
• Aprenden a ceder y a
recibir cesiones.
• Y entre todos, a partir de
las diferencias, son capaces de construir bienes colectivos.
La deliberación social es el
instrumento de la democracia para construir los consensos sociales que son la
base de la paz.
6. PRINCIPIO DE LO PÚBLICO.
En la democracia lo público
se construye desde la sociedad civil.
La democracia es para todos.
Para la democracia lo público es aquello que conviene a todos, de la misma
manera para su dignidad.
Por tanto lo público es más
amplio y rebasa ampliamente lo estatal, sin que esto signifique desconocer que
las instituciones públicas por excelencia deben ser el Estado y las Leyes,
precisamente porque la fortaleza de lo público proviene de su capacidad de
sintetizar y representar los intereses, contradictorios o no, de todos los
secretos de la sociedad.
Este principio es lo más
novedoso del discurso democrático moderno. Solo cuando una sociedad se decide a
construir sus instituciones en función de la dignidad humana, tendrá las
instituciones que necesita para vivir y pervivir. Sólo así existirá unión entre
las instituciones y la conciencia de la sociedad.
La construcción social de lo
público requiere pasar del lenguaje privado al lenguaje colectivo, de los
bienes privados a los bienes colectivos, de las perspectivas privadas o
corporativas a las perspectivas de nación o colectivas. Requiere desarrollar en
los ciudadanos formas democráticas de pensar, sentir y actuar, esto es lo que
se conoce como Cultura Democrática.
TIPOS
DE DEMOCRACIA
Clásicamente la democracia
ha sido dividida en dos grandes formas:
Democracia directa
Se trata de la democracia en
estado puro, tal como la vivieron sus fundadores atenienses. Las decisiones las
toma el pueblo soberano en asamblea. No existen representantes del pueblo, si
no, en todo caso, delegados que se hacen portavoces del pueblo, que únicamente
emiten el mandato asambleario. Se trata del tipo de democracia preferido no
sólo por los demócratas de la Antigua Grecia, si no también para muchos pensadores
modernos (Rousseau, por ejemplo) y para una buena parte del Socialismo y del
Anarquismo. Un ejemplo de democracia directa más conocido es el de la Atenas
clásica.
Indirecta o representativa
El pueblo se limita a elegir
representantes para que estos deliberen y tomen las decisiones, de forma
jerárquica.
Democracia semidirecta o
participativa
Algunos autores también
distinguen una tercera categoría intermedia, la democracia semidirecta, que
suele acompañar, atenuándola, a la democracia indirecta. En la democracia
semidirecta el pueblo se expresa directamente en ciertas circunstancias
particulares, básicamente a través de tres mecanismos:
Referéndum. El pueblo elige «por sí o por
no» sobre una propuesta.
Plebiscito. El pueblo concede o no concede
la aprobación final de una norma (constitución, ley, tratado).
Iniciativa popular. Por este mecanismo un
grupo de ciudadanos puede proponer la sanción o derogación de una ley.
Destitución popular, revocación de mandato
o recall. Mediante este procedimiento los ciudadanos pueden destituir a un
representante electo antes de finalizado su período.
Democracia líquida
En la Democracia Líquida
cada ciudadano tiene la posibilidad de votar por Internet cada decisión del
parlamento y realizar propuestas, pero puede ceder su voto a un representante
para aquellas decisiones en las que prefiere no participar.
EL ÉXITO DE LA INVASIÓN CULTURAL RADICA EN QUE LOS INVADIDOS RECONOZCAN SU PROPIA INFERIORIDAD
Deficiente política educativa. ¿Se puede leer sin escribir?
por Gregorio Hernandez Zamora
Greorio Hernandez Zamora es profesor de la Universidad de California en Berkeley.
grehz@berkeley.edu
Tomado de Masiosare, suplemento de La Jornada.
DOMINGO 18 DE ABRIL 2004
Desde el año pasado, el gobierno federal lleva a cabo una campaña nacional de lectura cuya
finalidad es convertir a México en "un país de lectores". El autor plantea, sin embargo, que
"una política orientada a promover la lectura no puede verse sino como un paliativo que
confirma nuestra renuncia a educar" mientras no se enseñe también a escribir, ya que "si
como enseñamos a escribir enseñáramos a hablar, ya seríamos un país de mudos. No
enseñar a escribir equivale a silenciar. Silenciar es renunciar a educar. Y renunciar a educar
es renunciar a ser libres".
"Se necesita una visión histórica excepcional -ironiza el investigador- para aspirar a ser un
país de consumidores (de Coca-Cola, nuevas tecnologías o incluso libros); en cambio, los
cortos de miras aspiraron a crear países de productores de nuevas tecnologías, libros y de su
propia cultura"
Hoy todo el mundo (incluso Marta Sahagún, Salma Hayek y la SEP) desea fomentar la
lectura, pero no la escritura. ¿Por qué?
Historia
Borrar del mapa la cultura escrita de un pueblo es una de las primeras acciones que todo
ejército invasor que se respete lleva a cabo. Los gringos no lo hicieron directamente en Irak;
se limitaron a observar impasibles el saqueo de obras de arte y textos milenarios en los
museos y archivos históricos iraquíes. Los nazis, más activos, quemaron libros de autores
judíos como Karl Marx y Sigmund Freud, a la vez que horneaban a 6 millones de judíos. Los
conquistadores españoles no se quedaron atrás: destrozaron los códices prehispánicos,
arrasaron con las edificaciones que contenían escritura en sus muros y columnas, hicieron
carnitas a los tlacuilos (escritores prehispánicos), y cambiaron la lengua y los textos sagrados
de los habitantes nativos. ¿Por qué escribir es tan peligroso? Mejor dicho, ¿por qué para
dominar a un pueblo es esencial destruir sus textos, sus escritores y su capacidad de escribir?
Teoría
Escribir implica y exige pensamiento crítico e independencia intelectual, como lo señaló el
científico judío Albert Einstein (1988) al explicar por qué los judíos han sobrevivido como
pueblo tras milenios de persecución y masacres: han escrito su historia, sus leyes y su
sabiduría en libros como la Biblia o el Talmud, y han preservado su capacidad para producir
conocimiento nuevo -escrito, por supuesto. Por su parte, Paulo Freire (pedagogo brasileño
ignorado o temido por nuestra tecnocracia educativa, pero conocido y respetado en
Norteamérica, Europa y Asia, en donde utilizan sus métodos) vio con claridad que si los
oprimidos escriben su propia historia sabrán quiénes son y quiénes pueden llegar a ser; lo
que haría muy difícil la tarea de imponerles lo que deben ser y a lo que deben aspirar: ser
dóciles esclavos o siervos asalariados (Freire y Macedo 1987). "Llevar" o "transferir" el
conocimiento, explica Freire, es una de las formas clave de la acción colonizadora: "los invasores son sujetos, autores y actores del proceso; los invadidos sus objetos... el éxito de la
invasión cultural radica en que los invadidos reconozcan su propia inferioridad" (Freire
1970). Escribir, a diferencia de leer, convierte a la persona en autor, es decir, en persona
autorizada para hablar o -como bien dicen los zapatistas- para decir su palabra, para hacer
pública su verdad.
Desde un punto de vista escolar, cualquiera sabe que el efecto de leer sin escribir (es decir sin
cuestionar, comparar versiones, elaborar explicaciones alternativas) es que los alumnos
acaban entendiendo nada, incluso si leen "grandes libros" o "autores clásicos". Escribir
implica la apropiación del lenguaje para dar explicaciones ordenadas, argumentos lógicos,
interpretaciones fundamentadas y análisis abstractos (Heath y Mangiola 1991), justamente
lo opuesto a la interpretación ciega de un texto. Leer y memorizar a los "grandes autores" -
en el mejor de los casos- impide que los colonizados piensen por sí mismos, como lo ha
señalado Noam Chomsky (lingüísta e intelectual crítico norteamericano): "Es una forma
completamente estúpida de educación, pero creo que esto es por lo que [los grupos
conservadores] la apoyan" (2002).
De lo anterior surge una consecuencia crucial: si la cultura escrita de un pueblo o grupo
social es el fundamento de su identidad y, por tanto, de su proyecto de futuro, ésta no puede
ser importada; necesita ser producida por él mismo. Imponer modelos de identidad (lo que
las personas deben ser o no ser, saber e ignorar, desear u odiar) es la clave de la dominación
política y cultural; y es una tarea que se facilita bastante cuando la identidad histórica de la
persona o pueblo a dominar ha sido previamente borrada o aniquilada. Pero destruir la
escritura de un pueblo no basta. Es indispensable impedir que los sobrevivientes vuelvan a
alzar la cabeza, que vuelvan a escribir su historia, pues hacerlo les permitiría recordar
quiénes son, saber por qué están donde están y -lo más peligroso- definir y decidir su
historia futura.
Fantasía
Tras nuestra independencia de España, creamos en México un sistema educativo cuya
misión ha sido enseñar a leer y escribir a los descendientes de los antiguos siervos. Por más
de dos siglos, nuestras escuelas y universidades han logrado que nuestros jóvenes se
apropien de la cultura escrita como herramienta para construir la nueva nación que hoy
disfrutamos. ¿Pero qué habría pasado si una nueva potencia nos hubiera conquistado? ¿Qué
clase de programa educativo nos habría impuesto para impedir que nuestros pobres
aprendieran de nuevo a escribir su historia? ¿Cómo sería semejante régimen de terror
educativo?
Para impedir que nuestros alumnos aprendieran a escribir se comenzaría por prohibir que
entendieran para qué diablos sirve escribir, dentro y fuera de la escuela. Se les exigiría portar
siempre un lápiz o pluma en la mano, pero los maestros muy raramente les pedirían escribir
textos originales de más de una o dos oraciones. Durante semanas, meses y años enteros los
pondrían -en cambio- a escribir copias, dictados y planas de palabras sueltas, de oraciones
sinsentido o de bolitas y palitos (para mejorar la letra y aniquilar su inteligencia). Les
ordenarían abrir su libro de texto y rellenar líneas para completar oraciones. Limitaríamos
cuidadosamente su escritura a apuntes, cuestionarios, resúmenes (del tipo copia-y-pega, no
piensa y sintetiza). Con quienes lograran pasar a la secundaria seríamos estrictos con el color
de la tinta, el tamaño de la letra, el ancho de los márgenes, o el forro de los cuadernos; se
asignaría una puntuación para cada uno de estos aspectos, pero el contenido valdría cero. Al
cabo de tres años tendrían un cerro de libretas muy bonitas pero ni un solo texto surgido de
sus cabezas. Si aún así continuaran hacia el bachillerato, se les pedirían "trabajos" sin
explicar qué cosa es un trabajo; sin mostrarles trabajos modelo; y por supuesto sin
acompañarlos en la delimitación del tema o la redacción del escrito. En cambio -para
despistar- se les haría hincapié en cuestiones de formato, como el número de páginas o el
espaciado entre líneas. A quienes de plano no les haya bastado eso y decidan ir a las aulas
universitarias, se les pediría entregar "ensayos finales", pero jamás se les explicaría qué es eso, cómo se hace, ni se les mostrarían modelos de textos similares. En el caso de que los
estudiantes protestaran por las bajas calificaciones en sus escritos, los profesores tendrían
siempre a la mano la irrefutable frase: "eso ya deberían saberlo; yo no soy maestro de
redacción". A los tres estudiantes de posgrado que tuviésemos en el país los haríamos sufrir
hasta decir basta: les diríamos que nada de lo que escriben sirve, que su tesis es una basura,
que escriben puras pende... de manera que, si quieren titularse, tendrán que agachar tanto la
cabeza que cuando les toque el turno serán estupendos castradores de la escritura de sus
propios estudiantes (un hijo maltratado será un buen padre maltratador).
En todos los niveles educativos se evitaría al máximo que los alumnos investiguen, pero
cuando eso ocurriese, no se les ayudaría a formular preguntas de investigación inteligentes;
tampoco se les explicaría qué y cómo investigar, cómo reportar los resultados ni -mucho
menos- cómo discutir la significación de lo que investigaron. En ningún caso se publicaría o
mostraría lo que escribieron; mucho menos se les pediría que intercambien y lean entre ellos
sus escritos (recordemos: sólo vale la pena leer a los autores consagrados); los profesores
recogerían los escritos y se los devolverían con marcas bien visibles de las faltas de
ortografía, errores de dedo, sintaxis o formato. En ningún nivel se les propondrían formas
alternativas de decir lo que quieren decir (si es que quieren decir algo), y jamás les
pediríamos que escriban para persuadir, discutir, analizar, explicar o entender algo.
Escribirían, en cambio, toneladas de "apuntes" para exámenes de opción múltiple. A lo largo
de su trayectoria escolar comprarían (en las papelerías de la esquina) cientos de "biografías"
de personajes ilustres, pero jamás escribirían su propia biografía, mucho menos las de sus
padres o abuelos (recordemos: se trata de que no sepan quiénes son). Durante años harían
cientos de dibujos o esquemitas sobre las partes de la célula, pero ningún escrito sobre las
partes y el funcionamiento de su propia escuela, de las empresas o instituciones que
despiden a sus padres, o el país en que viven. Tampoco escribirían para buscar la relación
entre lo que dicen los libros de ciencia, literatura o historia y su propia vida o la de sus
comunidades (escribir sobre los temas cruciales de su historia personal, local o nacional es
suicidio para el conquistador). En ningún nivel educativo se explicaría a los estudiantes que
al escribir se convierten en autores de lo que piensan (para "autores" -o sea, personas
autorizadas para escribir y pensar- bastaría con un Monsiváis y una Poniatowska; ¿quién
necesita un Pérez o un Hernández?). En cambio, desde el prescolar hasta el posgrado, les
dejaríamos bien claro que su identidad ha sido, es y siempre será la de "alumnos que no
saben escribir".
Realidad: hacia un país de mudos
Tal vez sorprenda al lector que, salvo raras excepciones que confirman la regla, este
programa educativo destinado a erradicar la cultura escrita opera e impera en las aulas de
México. En investigaciones y diálogos que he sostenido con maestros de todos los niveles
educativos encuentro que si en algo están de acuerdo es en afirmar sin la menor vacilación
que los alumnos "no saben escribir". Puede que así sea, pero no saben por una razón: no les
enseñamos. Investigaciones realizadas desde hace años muestran que las prácticas
pedagógicas parecieran diseñadas para impedir que aprendan a escribir (Rockwell 1991;
Ferreiro et al 1991; Ezpeleta y Weiss 1994; Sharken 2004; Hernández 1997, 2000, 2004). En
otras palabras, si como enseñamos a escribir enseñáramos a hablar, ya seríamos un país de
mudos. No enseñar a escribir equivale a silenciar. Silenciar es renunciar a educar. Y
renunciar a educar es renunciar a ser libres. No son esclavos quienes han sido privados de su
libertad, sino quienes renuncian voluntariamente a ella. Nuestra tragedia es que no es un
ejército invasor sino nosotros mismos quienes construimos día a día la servidumbre
perpetua de nuestros sectores marginados (los privilegiados disponen de maestros y escuelas
atentos, y si no aprenden tampoco importa: tendrán abogados, escritores y periodistas a su
servicio). En el ámbito de la política educativa y cultural toda la atención se centra hoy en
"fomentar la lectura", en hacer de México "un país de lectores". Si bien invitar a los pobres a
leer (ya que no pueden ocuparse en trabajar o estudiar) puede ser positivo, bajo las
circunstancias actuales (75% de los mayores de 15 años no tienen el bachillerato terminado y están fuera del sistema escolar), una política orientada a promover la lectura no puede
verse sino como un paliativo que confirma nuestra renuncia a educar.
Hay que reconocer que se necesita una visión histórica excepcional para aspirar a ser un país
de consumidores (de Coca-Cola, "nuevas tecnologías" o incluso libros); en cambio, los
cortos de miras (como Japón, Cuba, Corea del Sur o la Nicaragua posrevolucionaria)
aspiraron a crear países de productores de nuevas tecnologías, de libros y de su propia
cultura (qué tontos ¿no?, pudiendo importarla ya hecha, ¡como nosotros!). Extrañamente,
quedan aún en México focos de "analfabetas" que saben para qué sirve escribir. Sí, los
incómodos indígenas zapatistas que, con tal de llevar la contraria, han escrito y publicado
miles de páginas con sus inútiles comunicados, cartas y declaraciones. No saben que en
México escribir está prohibido para "los que no saben escribir". Es cierto, sus textitos no los
han hecho ricos, pero les han permitido saber quiénes son y qué futuro quieren para sus
comunidades y para el país que los desprecia.
Hace falta explicar en detalle por qué los maestros aseguran que "los alumnos no saben
escribir ni leer". Es decir, por qué somos tan eficientes en silenciar a los pocos estudiantes
que quedan en nuestras escuelas (pista: ¿será que también somos buenos para silenciar a
nuestros maestros?). Pero esta es otra historia y será contada en otro momento.
Referencias
- Chomsky, Noam (2002). Understanding Power. New York: The New Press (Peter R.
Mitchell y John Schoeffel, eds.).
- Einstein, Albert (1988). Este es mi pueblo. Buenos Aires: Milá/Editor.
- Ezpeleta, Justa y E. Weiss (Coords.,1994). Programa para Abatir el Rezago Educativo;
Evaluación Cualitativa del Impacto: Informe Final. México, DIE-Cinvestav.
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Eudald Carbonell i Roura (Ribas de Freser, Gerona,
17 de febrero de 1953) es un arqueólogo, antropólogo y paleontólogo español.
Cursó estudios superiores en Gerona, Barcelona y
París. Es doctor en Geología del Cuaternario por la Universidad Pierre et Marie
Curie (1986) y en Historia por la Universidad de Barcelona (1988).
Desde el año 1999, ocupa la cátedra de Prehistoria
de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona y actualmente es Investigador
principal del Grupo de Autoecología Humana del Cuaternario de esta universidad
y Director del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social
(IPHES).
Ha efectuado viajes de investigación y trabajo de
campo en Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Georgia, Tayikistán, Argelia,
Marruecos, Tanzania, Kenia, Etiopía, los Estados Unidos, México, Chile, Cuba,
China y Australia, entre otros países.
Desde que era muy joven, ya empezó a investigar las
primeras poblaciones de los valles de los ríos Ter y Freser.
En Gerona, fue miembro de la Asociación
Arqueológica de Gerona, desde donde, conjuntamente con Josep Canal i Roquet, contribuyeron
decisivamente al reconocimiento del Paleolítico Inferior del nordeste de la
Península Ibérica, que hasta entonces había sido negado sistemáticamente por
las autoridades académicas.
Sus hitos científicos más destacados son la
creación de un sistema de análisis de la tecnología prehistórica conocido como
"sistema lógico-analítico" y el estudio del poblamiento antiguo de la
Península Ibérica. Estas líneas de trabajo lo han llevado a desarrollar un
programa de investigación transdisciplinar en la Sierra de Atapuerca (Burgos),
inicialmente bajo la dirección del profesor Emiliano Aguirre. Desde el año
1991, Eudald Carbonell es uno de los codirectores.
Los trabajos en Atapuerca han contribuido a
enriquecer espectacularmente el conocimiento científico sobre la prehistoria y
la paleoantropología, especialmente con respecto a la evolución de la
tecnología lítica que se está encontrando en Atapuerca, en la extraordinaria
población exhumada en la Sima de los Huesos1 y en los restos de TD-6, donde se
ha descubierto una nueva especie de homínido, el Homo antecessor, el explorador
que salió del continente africano hacia Europa.
Uno de los ejes actuales de la investigación
intenta comprender la razón de estas migraciones y explicarla en términos de
comportamiento tecnológico en vez de climático o biológico, tal como hacen las
explicaciones tradicionales. Carbonell plantea la selección técnica como
mecanismo de la evolución del comportamiento humano y lo aplica también a sus
trabajos en el Abric Romaní (Capellades, Anoia), un yacimiento neandertal donde
se demuestra que la distancia entre el comportamiento del Homo neanderthalensis
y los primero humanos anatómicamente modernos no es tan grande como se
postulaba hace unos años.
Según Carbonell, la fabricación de herramientas con
otras herramientas es la propiedad que distingue al género Homo del resto de
seres vivos. La selección técnica se ha ido imponiendo como mecanismo de
evolución del comportamiento humano desde hace unos 2 millones de años.
Sin embargo, "hominización" y
"humanización" no son sinónimos. La humanización todavía no se ha
alcanzado, sólo se llegará a ella con un pensamiento social crítico. Por eso,
hay que avanzar en la socialización del conocimiento, conseguir que sus
beneficios y los de la técnica sean patrimonio de toda la población siguiendo
unos mecanismos innovadores, adecuados a los nuevos tiempos. Para obtener este
objetivo, hay que hacer pedagogía científica y social sobre qué significa la
integración de la diversidad en todos los niveles y también hay que llegar a
una conciencia crítica de especie.